Tiendas y bares en Bilbao
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Cuesta imaginar un contenedor repleto de belleza, pero existe y está en Bilbao La Vieja. Se llama así, 'contenedor', y es un nuevo gastrobar en el que conviven una galería de arte y una tienda de ropa. Todo junto y revuelto, pero con sentido y con el sello inconfundible de la galerista bilbaína Emilia Epelde. Se trata de un universo original que pretende aportar creatividad, arte y buen rollo al barrio más chispeante y bohemio de la villa. «La gente alucina, les parece un sitio especial. La verdad es que ha sido un esfuerzo enorme, pero Bilbao se merecía algo así», reconoce esta emprendedora de 63 años que tiene ganas de seguir divirtiéndose. Y de hacer que disfruten los demás. «No tengo mayor pretensión», asegura.
En este espacio ecléctico, con una decoración acogedora llena de detalles, se puede degustar un vino acompañado de unas ostras o unas zamburiñas en un ambiente relajado y distendido. Disfrutar de blues, jazz, algo de rock... mientras se hojean las revistas 'Vogue' y 'AD', que Emilia es una apasionada de la moda y la decoración. Y, además, si alguien se encapricha de algún sillón e incluso de la mesa, se los puede llevar a casa, porque en el 'contenedor' todo está a la venta. También las obras de artistas vascos, como José Luis Zumeta, Ramón Zuriarrain, Santos Iñurreta o Alfonso Gortázar, que decoran las paredes de este lugar, que extiende su encanto en una entreplanta. Allí Emilia ha creado un rincón íntimo con butacones y privilegiadas vistas a la ría para ver y no ser visto gracias a una gran cortina de terciopelo.
Esta mujer activa y perseverante ejerció como psicóloga durante 25 años en los que escuchó «miles de historias». «Después te tienes que ir a la cama y dormir tranquila. Es complicado, porque cada persona te ocupa y te preocupa», reconoce. Entonces descubrió su segunda vocación: el arte. En 1992 abrió con su marido Mikel Mardaras en este mismo local, en el número 1 de la calle Conde Mirasol, la sala de exposiciones la Brocha, que cerraron en 2001. «Éramos bastante ilusos, pero teníamos mucha ilusión y no nos fue mal», recuerda.
Hija de pescateros de Erandio y nieta de una cocinera vasca que le enseñó a cocinar, Emilia se mudó a un piso señorial de la calle Jardines, en el Casco Viejo, que funciona como galería de arte y restaurante, además de ser su propio hogar. «Siempre me ha gustado hacer cosas diferentes, de lo que sabes no aprendes. Hacer algo distinto te aporta conocimiento y nuevas vivencias», asegura. Durante la pandemia, se quedó en el paro. «Abrí el bar Epelde, en Barrenkale; y explotaba pisos turísticos, pero tuve que cerrar». Se le ocurrió entonces concebir un proyecto personal con el arte, la moda y la gastronomía como seña de identidad. «Para salir de un agujero, te tienes que meter en otro», defiende.
Lo curioso de 'El Contenedor' es que quien entra para tomarse el vermú, puede salir con una mesa, una silla, un espejo o un sofá para poner en casa. «Menos con las lámparas de techo, que cuesta mucho poner y quitar». Son piezas únicas y 'vintage', algunas restauradas, que Emilia encuentra en subastas y ferias. «También tengo muebles de amigos que se desprenden de ellos, como esta mesa tan bonita de cristal y metal». Contrasta con la mesa de madera de roble que el escultor navarro Juan Gorriti creó con una lápida del siglo XV. Emilia lleva en su ADN la tendencia de mezclar y descubrir «objetos hermosos para darles otra oportunidad». Entre sus piezas más especiales, destaca también un amplio surtido de cristalería, desde copas o botellas hasta jarrones, siempre llenos de flores, que compra los domingos en el mercado del Arenal. ¿Los precios? Una copa de cristal de Murano cuesta 3 euros y un cuadro del pintor leonés Félix de la Concha hasta 15.000.
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Emilia ha apostado por una carta auténtica a base de queso y embutidos ibéricos, además de «pintxos muy nuestros», como el bilbainito, la gilda, la felipada o la tortilla de patata. Detrás de la barra, está su hijo Antxon, también cocinero, que ofrece quisquillas, ventresca de bonito o salmón marinado. Enseguida se dieron cuenta de que debían montar una pequeña cocina porque es «un espacio ideal para acoger eventos». De hecho, ya han alquilado el espacio, «con papeo incluido», para una comida de empresa y para festejar un 60 cumpleaños.
Por si fuera poco, en 'Contenedor' también se puede encontrar una cuidada selección de ropa confeccionada por Emilia. Su abuela le enseñó a coser y siempre se ha hecho alguna prenda, pero fue durante el confinamiento cuando empezó a ganar destreza. Se apuntó a clases de costura y casi sin ser consciente, ha creado una marca con identidad propia: ropa kilómetro 0 de corte holgado que resulta cómoda y estilosa. «Ya ves, una bilbaína cosiendo en su casa del Casco Viejo con telas de Rafael Matías», dice aún sin creérselo del todo. Su colección se compone de abrigos, kimonos, vestidos, pantalones... en talla única y confeccionados con los tejidos que le gustan, siempre de calidad y nobles, como el algodón, el lino, la lana o la seda. También crea bufandas que sirven de turbantes y dispone de una línea de bolsos, pese a que es raro verla con uno puesto. «Solo cuando no me entran las cosas en los bolsillos, echo mano de uno de los dos que tengo», reconoce esta mujer todoterreno.
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